miércoles, 4 de agosto de 2010

Epístola a los transeúntes

REANUDO mi día de conejo
mi noche de elefante en descanso.

Y, entre mi, digo:
ésta es mi inmensidad en bruto, a cántaros
éste es mi grato peso,
que me buscará abajo para pájaro
éste es mi brazo
que por su cuenta rehusó ser ala,
éstas son mis sagradas escrituras,
éstos mis alarmados campeñones.

Lúgubre isla me alumbrará continental,
mientras el capitolio se apoye en mi íntimo derrumbe
y la asamblea en lanzas clausure mi desfile

Pero cuando yo muera
de vida y no de tiempo,
cuando lleguen a dos mis dos maletas,
éste ha de ser mi estómago en que cupo mi lámpara en pedazos,
ésta aquella cabeza que expió los tormentos del círculo en mis pasos,
éstos esos gusanos que el corazón contó por unidades,
éste ha de ser mi cuerpo solidario
por el que vela el alma individual; éste ha de ser
mi ombligo en que maté mis piojos natos,
ésta mi cosa cosa, mi cosa tremebunda

En tanto, convulsiva, ásperamente
convalece mi freno,
sufriendo como sufro del lenguaje directo del león;
y, puesto que he existido entre dos potestades de ladrillo,
convalezco yo mismo, sonriendo de mis labios.

3 comentarios:

Matigol dijo...

Lo viera la Ab. Sonio o Nana...

Si supieran las cosas que pienso a veces. En fin...

Apoyo moción de que "atrofiados los cuerpos se reza mejor"..., sólo que a veces deseo que no sea contra los ojos del vacío que mi escepticismo está seguro.

Tu primo...

Matigol otra vez... dijo...

El comentario anterior era para tu poema "Ocho", quizás por qué qudó acá...

Sebastián Aguirre H. dijo...

No tienen la culpa. A ellos les dieron una historia a la cual aferrarse y a nosotros nos están contando otra. No es más que eso, creo yo. Un abrazo, Mati.